Maldita minería coahuilense

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Por la negligencia de algunos funcionarios, históricamente la región carbonífera del estado de Coahuila, ha estado maldita y además ha sido escenario de escalofriantes accidentes mineros que, en su gran mayoría, han ocurrido por la ineptitud e indiferencia de las autoridades de los tres niveles de gobierno, tanto de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social como de Protección Civil.

Y resulta muy extraño que las citadas autoridades, pese al paso de los años, no le hayan puesto atención a mejorar la precaria seguridad en la que los mineros siempre han desempeñado sus diarias y peligrosas labores.

Sobre todo, porque de acuerdo a los informes disponibles, es del conocimiento general que de la Región Carbonífera coahuilense, se extrae de sus minas más del 90% del carbón que se consume en todo el territorio nacional.

Así, basándonos en tales informes, se sabe que una de las primeras y más lamentables desgracias mineras coahuilenses de que se tenga memoria, ocurrió el lejano 31 de marzo de 1969 en las llamadas Minas de Barroterán, enclavadas dentro del municipio de Múzquiz, dejando un saldo de 153 mineros fallecidos.

La causa en esa ocasión, según el dictamen técnico, se debió a las explosiones registradas en dos minas y que fueron provocadas por el acumulamiento del gas metano. Fueron dos meses las que a las autoridades de la entidad les llevó rescatar los cuerpos de las 153 víctimas.

Treinta y siete años después, las familias mineras coahuilenses se volvieron a vestir de luto, cuando el 19 de febrero del 2006, en el interior de la mina denominada “Pasta de Conchos”, también dentro del territorio coahuilense, se registró otra explosión por el gas acumulado, falleciendo 65 trabajadores que se encontraban en su interior y cuyos cuerpos aún permanecen desde entonces sepultados en la mina, aunque las labores de rescate se reanudaron apenas el pasado mes de febrero; es decir 16 años después de ocurrida la tragedia.

En este caso, según se recuerda, los mineros tenían ya varios años denunciando la inseguridad y los latentes riesgos a que estaban diariamente exponiéndose, sin que se les hubiera prestado la más mínima atención.

No obstante las permanentes y mortales desatenciones de las autoridades, todo parece indicar que los mineros coahuilenses se han ya, desgraciadamente,

acostumbrado a encarar las tragedias, pues apenas en el mes de junio del año pasado (2021), fallecieron otros 7 en el derrumbe registrado en otra mina de carbón de la misma zona antes mencionada, también pese a que las autoridades de los Derechos Humanos habían denunciado las pésimas condiciones en que los trabajadores desarrollaban su labor.

Y finalmente, el pasado miércoles -3 de agosto del 2022- ocurrió la hasta ahora última tragedia minera, cuando ocurrió el derrumbe del túnel de una mina de carbón, situada dentro del municipio de Sabinas, quedándose atrapados diez trabajadores que desafortunadamente hasta la fecha no han sido rescatados y teniéndose confianza en sacarlos con vida.

Las labores de salvamento, a cargo de unos 300 rescatistas enviados tanto por el presidente Andrés Manuel López Obrador como por el gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme Solís, se han visto obstaculizadas por la gran cantidad de agua que inundó los dos túneles en que los infortunados mineros realizaban su trabajo.

Después de tanta catástrofe minera, ¿será hora posible que nuestras autoridades vigilen y mejoren las condiciones laborales de estos trabajadores que diariamente realizan su labor para llevar el sustento a sus familias?

Ojalá, Dios quiera que así sea.

Por hoy, fue todo. Hasta la próxima…Dios mediante. Para quejas aquilaquecae_51@hotmail.com y aguilaquecae51@gmail.com

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