Se ha hecho un hábito
el silencio, no sólo en
soledad, sino también
en tu presencia.
De nuevo soy yo con el
bolígrafo en la mano y
un par de lágrimas
resbalándose sobre mis
mejillas que llevan tu
nombre y las altas
expectativas que te
quedaron demasiado
grandes.
Caigo en el océano de
la ansiedad y me
sumerjo en tus poéticas
mentiras hasta
ahogarme en soledad
tras la efímera caricia
de tus manos sobre mi
barbilla y el desenlace
de la sonrisa de un
orgasmo proveniente de
otro cuerpo ajeno al
mío.
Como ya es costumbre:
Eres todo, menos mío.












































