Está en la parte animal de tu naturaleza que te impresione lo que ves y oyes en el presente: las noticias y tendencias más recientes, las opiniones y acciones de quienes te rodean, cualquier cosa de aspecto demasiado drástico. Por eso te tragas los tentadores planes que prometen resultados rápidos y dinero fácil. Por eso reaccionas de forma exagerada a tus circunstancias: te relajas o alarmas en exceso cuando los acontecimientos siguen una dirección u otra. Aprende a medir a la gente por la estrechez o amplitud de su visión; no te enredes con quienes no ven las consecuencias de sus actos y están siempre en modo reactivo: te contagiarán. Fija la mirada en las grandes tendencias que gobiernan los hechos, en lo que no se advierte de inmediato. Nunca pierdas de vista tus metas a largo plazo. Con una perspectiva elevada, tendrás paciencia y claridad para cumplir casi cualquier objetivo.
Casi todos hemos experimentado algo similar al escenario siguiente: alguien que necesitamos o de quien dependemos no nos presta atención, no devuelve nuestras llamadas. Desesperados, le confiamos lo que sentimos o redoblamos nuestros esfuerzos para obtener una respuesta. O bien, tropezamos con un problema, un proyecto que no marcha bien, y tras decidir una estrategia emprendemos la acción apropiada. O alguien aparece en nuestra vida y, cautivados por su vigor y simpatía, lo hacemos nuestro amigo.
Semanas más tarde, nos vemos obligados a reevaluar lo sucedido y el modo en que reaccionamos. Nueva información sale a la luz. La persona que no nos respondía estaba agobiada de trabajo; si no hubiéramos sido tan impacientes, habríamos evitado ahuyentar a un valioso aliado. El problema que queríamos resolver en realidad no era tan urgente, y lo agravamos por precipitar un resultado. Tendríamos que haber sido ser más previsores antes de actuar. Y resulta que aquel nuevo amigo no es tan simpático como parecía; de hecho, el tiempo revela que es un destructivo de cuya sociópata amistad tardaremos años en recuperarnos. Un poco más de distancia nos habría permitido ver las señales de alarma antes de que fuera demasiado tarde. Al mirar atrás, vemos que tendemos a ser impacientes y a reaccionar con exageración; advertimos prolongados patrones de conducta que de momento se nos escaparon pero que se vuelven más claros después.
Esto quiere decir que en el presente carecemos de perspectiva. Con el paso del tiempo, obtenemos más información y percibimos mejor la verdad; lo que fue invisible para nosotros en el momento se vuelve visible en retrospectiva. El tiempo es nuestro mejor maestro, el revelador de la realidad.
con el Esto es comparable fenómeno visual siguiente: al pie de una montaña, en un bosque denso, no podemos orientarnos ni determinar nuestro entorno. Sólo vemos lo que está frente a nuestros ojos. Si ascendemos por la ladera, percibiremos mejor nuestro entorno y su relación con los demás componentes del paisaje. Entre más ascendamos, nos daremos cuenta de que lo que imaginamos abajo no era muy acertado, porque se basó en una perspectiva levemente distorsionada. En la cima de la montaña tendremos una clara visión panorámica de la escena y perfecta claridad acerca de la distribución del terreno.
Encerrados en el presente, es como si los seres humanos viviéramos al pie de la montaña. Lo que vemos las personas que nos rodean, el bosque circundante-nos ofrece una visión limitada y distorsionada de la realidad. El paso del tiempo es como el lento ascenso por la montaña. Las emociones que sentimos en el presente ya no son tan fuertes; podemos distanciarnos de ellas y ver las cosas con más claridad.
Cuanto más ascendemos al paso del tiempo, mayor información añadimos al panorama. Lo que vimos tres meses después de los hechos no es tan nítido como lo que terminamos por saber un año más tarde.
Parecería entonces que el saber llega a nosotros demasiado tarde, en retrospectiva. Pero existe una forma en que los seres humanos podemos imaginar el efecto del tiempo, para disponer en el presente de una perspectiva amplia. Llamemos a esto la perspectiva visionaria, la cual requiere el proceso siguiente.
Primero, ante un problema, conflicto u oportunidad, aprendemos a distanciarnos del momento. Nos empeñamos en calmar nuestra emoción o temor.
Tomamos cierta distancia. Después, empezamos profundizar y ampliar nuestra perspectiva. Cuando consideramos la condición del problema que enfrentamos, no nos conformamos con una explicación inmediata, sino cavamoS hondo que y contemplamos otras posibilidades, otras motivaciones en los involucrados. Nos forzamos a examinar el contexto general del suceso, no solamente lo que llama de inmediato nuestra atención. Imaginamos lo mejor posible las consecuencias negativas de las estrategias que estimamos. Prevemos cómo podría desenvolverse en el tiempo el problema u oportunidad, si otros conflictos 0 dificultades no aparentes de momento podrían cobrar más relevancia que aquello con lo que lidiamos en lo inmediato. Atendemos nuestras metas a largo plazo y ajustamos a ellas nuestras prioridades presentes.
En otras palabras, este proceso implica tomar distancia del presente, lanzar una mirada más profunda a la fuente de los problemas y adoptar una perspectiva más amplia del contexto de la situación, así como dirigir una mirada más lejana al futuro, lo que incluye las consecuencias de nuestras acciones y nuestras prioridades a largo plazo.
Mientras seguimos este proceso, ciertas opciones y explicaciones empezarán a parecer más lógicas y realistas que las que se nos impusieron en el momento. Añadimos a esto las lecciones que hemos aprendido sobre nuestros patrones de conducta a lo largo de los años. Así, aunque no podemos recrear todo el efecto que el tiempo ejerce en el pensamiento, podemos aproximarnos. Con demasiada frecuencia, al paso de los meses obtenemos aún más información y disponemos de mejores opciones. Elaboramos este efecto en el presente ampliando nuestras consideraciones y abriendo la mente. Subimos la montaña. Esta elevada perspectiva nos serenará y volverá más fácil que mantengamos nuestra presencia de ánimo conforme se desenvuelven los acontecimientos.
Ideal como es, debemos admitir que esa perspectiva es rara entre los seres humanos. Todo indica que requiere un esfuerzo casi más allá de nuestra capacidad. La razón de esto es sencilla: el pensamiento a corto plazo está programado en nuestro sistema; fuimos hechos para responder a lo inmediato y buscar la gratificación instantánea. A nuestros remotos antepasados les convenía estar al tanto de posibles peligros en el entorno o de una oportunidad de alimento. La evolución no diseñó el cerebro humano para que examinara el panorama y contexto de un suceso, sino para que tomara en cuenta sus características más drásticas. Esto surtía efecto en un entorno relativamente simple y en la sencilla organización social de la tribu, pero ya no es conveniente en el complejo mundo en que vivimos. Hace que reparemos en lo que estimula nuestros sentidos y emociones, y pasa por alto gran parte del panorama.
Esto tiene un efecto decisivo en nuestra manera de ver el placer o el dolor implicado en una situación. El cerebro está diseñado para que advirtamos lo que podría perjudicarnos alrededor nuestro, no para que prestemos atención a peligros futuros y más abstractos. Por eso concedemos más atención al terrorismo (dolor inmediato), sin duda digno de nuestro escrutinio, que al calentamiento global (dolor distante), pese a que representa un peligro mayor, ya que pone en riesgo la supervivencia del planeta. No obstante, este peligro parece abstracto en el presente, aunque cuando deje de serlo podría ser demasiado tarde. Nos aferramos por igual a cosas que nos ofrecen un placer inmediato, aun si estamos enterados de sus negativas consecuencias a largo plazo. Por eso la gente no deja de fumar, beber, consumir drogas o asumir cualquier otra conducta autodestructiva en la que la ruina no es inmediata ni drástica.
En un mundo complejo, con incontables peligros que acechan en el futuro, nuestras inclinaciones a corto plazo constituyen una amenaza permanente a nuestro bienestar. Y a medida que nuestro tramo de atención se reduce a causa de la tecnología, la amenaza aumenta. En muchos sentidos, define nuestra relación con el tiempo. Cuando simplemente reaccionamos a lo que vemos y oímos; cuando pasamos del entusiasmo y la euforia al temor y el pánico en cada dramática noticia adicional; cuando dirigimos nuestros actos a obtener en el momento el mayor placer posible sin pensar en las consecuencias, puede afirmarse que cedemos a nuestra naturaleza animal, a lo más primitivo y potencialmente destructivo de nuestra composición neurológica.
Cuando nos empeñamos en lo opuesto y consideramos las consecuencias de lo que hacemos y nuestras prioridades a largo plazo, nos esforzamos por comprender nuestro auténtico potencial humano como animales pensantes. Y asícomo el pensamiento a corto plazo es contagioso, un individuo que la sabiduría de la encarna perspectiva visionaria puede tener un efecto muy positivo en quienes lo rodean. Esos individuos nos vuelven conscientes del panorama general y revelan una mentalidad reconocemos como que superior. Queremos imitarlos.
A lo largo de la historia ha habido varios iconos de ese saber que nos guían e inspiran: José en el Antiguo Testamento, quien podía penetrar los corazones de los hombres y predecir el futuro; Sócrates, de la antigua Grecia, quien nos enseñó a ser menos insensatos y más consecuentes en nuestro pensamiento; el brillante estratega Zhuge Liang, de la antigua China, quien podía predecir cada movimiento del enemigo; líderes como la reina Isabel I y Abraham Lincoln, renombrados por el éxito de sus estrategias a largo plazo; el muy paciente y profético científico Charles Darwin, quien expuso los efectos del tiempo profundo en la evolución de todos los seres vivos, y Warren Buffett, el inversionista más exitoso de la historia, cuyo poder se basa en su amplia perspectiva.
Si es posible, evita el contacto frecuente con aquellos cuyo marco temporal es estrecho, quienes están en un continuo modo reactivo, y empéñate en asociarte con quienes tienen una amplia conciencia del tiempo.














































