¡Corre!

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En las mañanas cuando despierto pareciese que la pesadilla no ha terminado, y no recuerdo la última vez que me visitó el descanso. Mi rendimiento va en descenso sin control, mi reflejo se disfraza para una nueva jornada en la que cada vez me encuentro más vacía.

A veces pienso que voy corriendo hacia la nada, huyendo de los entes poderosos que por más que quiera, quizás nunca podré alcanzar. En la élite vanidosa que lleva como máscara un signo de pesos y mientras intento descifrar su valor, llego a cuestionarme el mío.

De pronto se diluye el sentimentalismo que intenta congelar el buen juicio, y la opresión en el pecho no es más que un recordatorio de la ambición insaciable trastornando la personalidad. Es como el mundo salvaje, donde es mejor mudar al más astuto y bautizarse como un gran cazador antes de convertirte en presa segura. Manteniendo activo el modo alerta hacia lo que miras, sientes o escuchas, para terminar siendo un producto más de la frivolidad de una raza humana sin escrúpulos.

No hallarás lugar seguro, así que reúne el coraje para apoderarte de tu mente y… ¡CORRE!

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