Empezar una poesía siempre es difícil, sobre todo ahora que he detenido el movimiento del bolígrafo durante las últimas semanas. Y es que escribir de ti me hace sentir tonta, ingenua y culpable.
Tomaré nota de mi palpitar hasta encontrar la forma química que pueda frenar el incremento de mis reacciones dopaminérgicas cada que me sujetas de sorpresa con firmeza.
Pero tu esencia es resistente. Eres mercurio puro intoxicando mi sistema, y mis neuronas aún se aferran al color característico de los árboles como un recuerdo genético de ti. Mientras te observo al otro lado de la mesa sonreír, pretendiendo que no siento nada… ¡Qué tremenda estupidez!
Así que dejo a mi pluma bailotear con libertad, dentro del recipiente vacío de nuestra historia.













































